Conventos
No sé imaginarme a una religiosa que viva en nuestras casas, es decir en la Congregación nuestra, que no tenga el espíritu apostólico; el celo por la salvación de las almas debería arder en nuestros corazones (Diario, 350).
No sé imaginarme a una religiosa que viva en nuestras casas, es decir en la Congregación nuestra, que no tenga el espíritu apostólico; el celo por la salvación de las almas debería arder en nuestros corazones (Diario, 350).
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