Marzo, en la tradición de la Congregación, es un tiempo de especial veneración a San José, Esposo de la Madre de Dios y Custodio del Hijo de Dios, a cuya protección se encomiendan las Hermanas. San José se ocupa no solo de los asuntos materiales, sino también de los espirituales. Él mismo dijo a Santa Sor Faustina que apoya firmemente la obra que el Señor le encomendó, es decir, la misión de proclamar al mundo el mensaje de la Misericordia, y prometió su protección. Sin embargo, pidió que tuviera una devoción constante hacia él y que rezara diariamente tres Padrenuestros y una vez el Acordaos (cf. Diario, 1203). Con las palabras de la Letanía a San José, le agradecemos su cuidado paternal sobre la Congregación y la misión de proclamar el mensaje de la Misericordia, y pedimos su poderosa intercesión ante Dios.












